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  • Foto del escritorRaúl Villaseñor Gómez

DESARROLLO DE PROYECTO: TIGRE DE PAPEL 4.


A partir de mayo de este año tuve claro dos tipos de piezas que quería desarrollar. Después de toda una primera parte del año desarrollando un lenguaje visual y experimentando, pude concluir con algo que quería producir. Estas piezas, llamadas “introductorias” – así lo hice en el artículo pasado- son la primera parte del proyecto. Establecí que cada parte del mismo reclama un nombre propio, si bien cada etapa está relacionada con la anterior o con el proceso de producción general, exploran aspectos que reclaman un nombre por derecho propio. Dicho esto, esta primera parte se llama “Proceso de imagen”.


De los esténciles que había hecho como prueba, en esta ocasión hice treinta con una dinámica de recortar quince pedazos de cada uno. Esto no era completamente al azar, me puse la regla de que ningún espacio se podía tocar con otro, quería que cada esténcil tuviera quince recortes en su interior.

Después, sobre una impresión de la misma imagen, utilicé pintura en spray para hacer visibles esos fragmentos que faltaban sobre la imagen original. El objetivo de esta acción fue vincular ambas cosas, el esténcil y su impresión, pero al mismo tiempo diferenciarlas, ya que se constituían como dos cosas distintas, aunque hubieran partido de la misma imagen. En el proceso de una obra se van creando relaciones que muchas veces implican un antes y un después, eso generalmente no se ve cuando la obra está terminada y para mi es importante darle visibilidad a eso. En ese sentido, las piezas surgidas de esto son procesuales, es decir, los pasos para producir algo son en centro de la obra, lo que se muestra.

En ese sentido la segunda obra sigue el mismo principio, pero con una variante, yo establezco la dinámica a seguir, pero no controlo el resultado final. Con los treinta esténciles que hice, dispuse una tabla de diez por diez –como las de multiplicar- donde en tres de los cuatro lados están diez esténciles. Lo que siguió a continuación es que en cada cuadro se cruzan tres tipos de esténciles específicos para combinarse de modo aleatorio. Al final del proceso, hay cien diferentes combinaciones producto de cien cruces entre los esténciles.


Ninguna de las imágenes que surgieron estuvieron controladas por mi, salvo por el principio de cruces entre los esténciles que establecí previamente, quitando eso los resultados fueron aleatorios.

Ninguna idea, en mi experiencia, pasa sin modificarse en el proceso de producción. Es raro que las obras queden como “estaban en la cabeza” del artista. Las obras son producto del trabajo, ensayo y error, múltiples iteraciones; además de eso, el proceso, y la obra resultante, está plagado de elementos inconscientes que salen de nuestro control, pero están integrados al resultado final porque también son parte de nosotros. Hay que decir que muchas veces, gracias a esas partes no contempladas, muchas personas pueden conectar con nuestra obra.


He terminado estas dos primeras piezas, estoy satisfecho y entusiasmado; soy el tipo de artista que le gusta establecer el proceso y llevarlo hasta el final porque me parece que así el resultado es más auténtico. No suelo cambiar el desarrollo de la obra sólo porque no está saliendo como yo quiero, para mi esas posibilidades se exploran en la preproducción, donde puedes probar con lo que se te ocurra.

En estos momentos ya estoy desarrollando la segunda fase del proyecto, estoy probando unos últimos detalles, pero prácticamente ya estoy en fase de producción.


Nos vemos en el siguiente escrito.

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